Mí humildad fue tal, que no me avergonzaba en declarar, que no conocía la interpretación de un texto determinado; fuí también famoso por la modestia de mi vida privada.
Yo fuí también testigo de las persecuciones en el valle del río Rhin durante las Cruzadas. Me preocupé y me ocupé de la situación de las mujeres que sobrevivieron a sus maridos y recomendé y ordené, ser tolerantes respecto de los judíos que se convirtieron forzosamente al cristianismo y que retornaron luego al judaísmo.
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